El grito de la mujer

Como cada jueves, acompañe a mi tío Roque a su reunión de rehabilitación. Allí se reúnen personas de distintas edades quienes cuentan historias sobre el motivo que los incitó a beber por primera vez.

En esta ocasión era el turno de “Nacho”, un hombre que tenía muy poco tiempo de haber ingresado al grupo. Sin pena agarró el micrófono y antes de empezar con su crónica nos advirtió que lo que estábamos a punto de escuchar tal vez sería uno de los relatos de terror más increíbles que hubiéramos escuchado.

“Hace años yo era muy diferente a como me ven ahora. Me desempeñaba como rescatista en la unidad que está comisionada en el canal de Santa Arcelia, dado que en épocas de lluvia el suelo se reblandece y la gente si no tiene cuidado puede caer fácilmente al canal.

Precisamente una tarde en la que una tormenta llenaba de rayos del cielo, una joven mujer pasó muy cerca de la orilla del canal y cayó dando un grito de terror que nos espantó todos.

Inmediatamente soné la bocina de alerta y varios de mis compañeros corrieron a traer los implementos necesarios para el rescate. Una vez que estábamos bien organizados, fuimos a una de las zonas poco profundas y yo mismo le grité a la mujer que guardara la calma.

También le comenté que lo mejor era que se pusiera boca arriba con los pies por delante, para así utilizar su cabeza como timón y evitar que ésta impactara de manera involuntaria con objetos contundentes.

Le lance una soga y ella se la amarró a la cintura. Mientras la jalaba para subirla, mis colegas fueron a preparar la ambulancia. En eso estaba cuando a unos pocos metros de que la dama llegara a la superficie, me di cuenta que lo que estaba arrastrando era la osamenta putrefacta de una persona.

El hedor que emanaba de ese esqueleto era nauseabundo. Le llamé a mi supervisor con el propósito de que corroborara lo que había pasado, más en el momento de su arribo, los restos se habían convertido en polvo.

Luego de que concluyó esa jornada laboral, me fui a un bar a tratar de olvidar la situación. Hoy después de varios lustros, quiero recuperarme al 100%. Deseo con el corazón que puedan ayudarme”.

Los presentes aplaudimos y otro orador tomó la palabra.

El grito de la mujer

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