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Otro año más sin Lucia

Otro año más sin Lucia

Ésa era la frase que Marcos repetía en silencio cada 24 de diciembre. El motivo era muy simple, en un día como ese pero de hacía ocho años, su amada esposa había fallecido al dar a luz a su hija.

La niña fue bautizada con el mismo nombre, por petición de sus abuelos maternos. Aunque cabe señalar que su padre nunca la llamaba así. Él prefería decirle cariño, hija, pequeña etcétera.

El hogar de Marcos era oscuro y triste. En las paredes de aquella propiedad, no colgaba ni una sola fotografía y mucho menos algo que le recordara el horrible suceso.

De hecho, las pocas pertenencias personales de Lucía que sobrevivieron a la quemazón (lo siento, omití mencionar que Marcos quemó casi todo lo que estuviese vinculado a su esposa, la noche después del funeral) estaban guardadas bajo llave.

En la tarde de Nochebuena, la niña se le acercó a su papá y le preguntó:

– Papi ¿cómo era ella?

– ¿Quién?

– Mi mamá.

– ¿Por qué quieres saber eso?

– Lo que pasa es que mi abuelita me ha platicado algunas cosas, pero siempre se pone a llorar y yo no quiero que esté triste.

Al escuchar esto, Marcos pensó en ese momento en llamarle a su suegra para reclamarle lo sucedido. Sin embargo, se dio cuenta que tarde o temprano tendría que enfrentar ese tema.

– ¿Qué te ha dicho?

– Casi nada, bueno si, me dijo que cuando yo nací ella se convirtió en un ángel para cuidarme, y por eso se fue al cielo. ¿Es cierto papá?

– Sí, hija así es. Ella nos cuida desde la nube más linda que alcancen a ver tus ojos. Ahora vete a ver la tele, que yo voy a preparar la cena de Navidad. Además recuerda que hoy también es tu cumpleaños.

Marcos no le había perdonado a Lucía el que se hubiera ido, dejándolo con la responsabilidad de cuidar solo a su hija.

Un poco antes de cenar, la niña se le acercó a su papá y le mostró algo que tenía entre sus manos.

– Mira papá, esta cajita tiene el nombre de mamá.

– ¿De dónde sacaste eso?

– La encontré en el fondo del armario de mi recámara, mientras jugaba a las escondidas con mis amigas el otro día.

– “Pero si yo limpié ese clóset hace años. ¿Cómo pudo ser que no la viera?” Pensaba.

– ¿Cómo se abre papá?

– No lo sé, tiene una combinación secreta. No querrás que destruya la caja para averiguar que tiene adentro ¿verdad?

– Papi ¿por qué no pruebas con su fecha de nacimiento? Yo uso la mía como contraseña de mi correo electrónico.

– No lo creo, pero probemos. 03… 03… 73.

Al terminar de colocar la clave, se pudo escuchar como los seguros se botaron automáticamente.

Marcos levantó la tapa de la caja y pudo ver como ésta estaba repleta de fotografías de Lucía.

La niña rápidamente se la arrebató de sus manos y gritó:

– A ver, quiero ver cómo era mi mamá.

En el alboroto, una hoja de papel cayó al suelo y Marcos la levantó velozmente. Comenzó a leer la carta y su vista se nubló completamente.

La carta fechada a principios de diciembre del año de su fallecimiento, decía más o menos lo siguiente:

Marcos, no tengo el valor para decírtelo de frente. Los médicos me han dado solamente cuatro meses de vida, por lo que sé que no podré ver a nuestra pequeña crecer. Me duele, mas no me preocupa, ya que tú serás el mejor padre del mundo.

Seguramente tendrás algunas preguntas, pero prometo respondértelas después de navidad. Te quiere Lucía.

– Lucía ven abrázame. Gritó Marcos.

– Pero papá, si tú nunca me dices por mi nombre.

– Te prometo que de hoy en adelante lo haré y también te contaré lo maravillosa que era tu madre.